sábado, 30 de abril de 2016

El Camino de Santiago DIA -2

Sábado 30 de Abril del 2016

Ciudad de México

Sin novedad, todo bien, ya se me había olvidado qué se siente viajar en avión ¡se ve tan bonito de noche!
Como tengo tiempo de sobra, dejé bajar a los pasajeros amontonados, el avión iba completamente lleno.
Llegué a un largo pasillo que daba acceso a las salas de espera para embarque y como yo tenía vuelo de conexión no tenía caso salir para después volver a entrar y pasar nuevamente por chequeos de equipaje, de modo que aquí me quedé, al fin ya traía los pases de abordar impresos. Pedí información a un guardia y me dirigió hacia donde venden comidas, veré al rato qué comer.
Mientras, en una de las múltiples estaciones samsung puse a cargar mi celular.
Un largo corredor conecta las salidas nacionales e internacionales y yo creo que lo recorrí como 5 veces y solo para no tullirme.
Quise comer unos huevitos que valía el platillo 65 pesos, pero dijo el que allí andaba que abría hasta las 5 de la mañana, de una tienda vi que salieron unos chavos con una especie de lonche con aderezos y pues con hambre se me antojó, le pedí una igual a la dependienta, y un refresco de agua mineral, y solo era para aplacar el hambre. Apenas eran las 3 am, no me gustó, tiré parte del pan y güines.
Apareció por fin mi vuelo en pantalla que decía "a tiempo" y vi como se fue acercando la hora entre dormitadas.
Cargué el otro celular (el que uso como mp3) en otro de los puntos de acceso samsung.
Como a eso de la 6 am fui al baño y al salir vi que el vuelo salía de la puerta de embarque 32, y hacia allá me dirigí raudo y veloz.
Al llegar volteaba seguido al mostrador, pero estaba solo, aún no llegaba la gente de la aerolínea.
Cuando el personal llegó fui con ellos a verificar que mi pase de abordar previamente impreso estaba correcto y correspondía con ese vuelo, una señorita me dijo que sí que estaba bien.
Pasaron lentos los minutos y yo escuchando música de mi celular, qué más.
Iniciaron las llamadas: grupo A, luego B, C y al final los demás, yo tenía el D, así que pasaron todos ¡y yo quedé al final!
Al llegar a la persona que daba acceso al avión me pide: "¿pase de abordar?" ¡aquí está! "¿pasaporte?" ¡aquí! "¿la forma migratoria?" ¡la qué! ¡casi me dá el ataque! yo, el último en abordar y me faltaba ese documento, "¡Ooh! ¿y ahora quién podrá ayudarme?" pensé como llamando a nuestro héroe mexicano.
-----No lo tengo -----dije tímidamente
-----¿no lo ha llenado?
-----No -----contesté
Entonces le pidió una forma a un compañero, que la buscó en un maletín y me la dio.
Los minutos corrían. Desenfundé mi pluma negra y a llenar la forma con datos, rápido y con bonita letra.
Hacía rato que todos habían subido al avión y tenía miedo que cerraran la puerta.
Por fin, unas dudas aclaradas sobre el cuestionario, mi firma y se lo entregué. Empezaba a recoger mochila, pasaporte y pase de abordar cuando el mismo chavo que me facilitó la forma me pregunta:
-----¿Tiene reservación de hotel?
-----Sí -----le dije firmemente.
-----¿Me la puede mostrar?
(Y yo que ya quería subir al avión)
-----Claro que sí
Y empecé a sacar papeles buscando los correctos entre el montón de impresiones que llevaba. Aparecieron los susodichos papeles para alivio mío, los observó el señor y dijo que estaba bien.
La señorita rompió una parte del pase de abordar y me dijo:
-----Adelante, bienvenido.
Palabras mágicas que liberaron mi preocupación. El gusano de acceso al avión estaba vacío, lo recorrí a paso veloz. La puerta continuaba abierta ¡Los últimos serán los primeros!
El avión, cómodo, moderno, con pantallita individual donde puedes seleccionar la programación.
[Foto.Volcanes de la Cd. de México]
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1:14 pm. Aeropuerto de "El Dorado", en Bogotá Colombia.

 Bajamos todos del avión, formados en fila india y nos dirigimos a la aduana.
Observé a los que iban delante de mí y que ponían sus pertenencias en unas canastillas de plástico antes de pasar al portal detector de metales.
Me llegó el turno. Me quité el cinto, saqué celulares y los puse en una canastilla.
Pero al pasar... beeep... beeep... beeep... beeep.
La señorita me detuvo, vas para atrás y me paso la tablita de la maestra Canuta por todo el cuerpo.
Al llegar a mis zapatos apareció el "beeep".
----¡Ah, son los brochecitos metálicos por donde se pasan las cintas---- le dije.
----Se los quita por favor y los pone en una canasta...
----Sí, claro.
Y para atrás "los filders". Me quité las botas para caminar e hice que que indicó la señorita.
Y ya iba hacia el portal de nuevo cuando me dice un hombre detrás de la mesa de chequeo.
----Los lentes también.
Me regresé, me quité los lentes y busqué la canastilla donde puse mis zapatos, pero ya no estaba así que tomé otra canasta y los deposité allí.
Regresé con la señorita, (Qué gorrito tan mono). Levantó su tablita y de nuevo me dio una barrida por todo el cuerpo. Ningún beep se escuchó. Sonreí.
Hice el intento por avanzar cuando la señorita me detuvo y me señaló que haría una pequeña revisión corporal. (Buenos pues, adelante, pensé).
Revisó mis brazos, espalda, deslizó su manos desde mi hombro al pecho y sintió algo rectangular bajo mi suéter.
Abrió un poco más los ojos y dio un paso atrás. Y con la voz un poco exaltada me preguntó:
----¿¡Qué lleva allí!?
La voz fue lo suficientemente alta para que todos a mi alrededor voltearan a ver la escena.
Yo aún con los brazos en alto me sentí como el protagonista de la película del Expreso de Medianoche cuando fue atrapado en el aeropuerto. Nada mas faltó que me apuntaran con armas y me gritaran que no me moviera.
Pero reaccioné rápido:
----Es la bolsita de mi pasaporte y mi dinero. ---le dije. Y sin pedir permiso tomé el cordón de alrededor de mi cuello y lo jalé hasta sacar la bolsita plástica, algo grande.
----Aquí lo llevo porque no cabe en los bolsillos de mi pantalón, y en un sobre mis euros.
Aliviada, la mujer se acercó, dando una ligera mirada a la bolsita y me indicó que pasara por el portal. Así lo hice. Ya todo bien. Mis cosas me esperaban del otro lado. Me puse el cinto, mis celulares, me puse mis zapatos. Y me encaminé a las escaleras.
Llegamos a una sala de espera. Al entrar otra fila donde había que mostrar documentos y específicamente las reservaciones de hospedaje.
Me tocó una amable señorita que al ver la copia de reservación puso su firma en mi pase de abordar.
Me fui a sentar. No tenía nada que hacer así que saqué mi diario para escribir ¿y los lentes? ¿dónde están los lentes? ¡La aduana!
Levanté el morral, me dirigí a la salida de la sala, caminé el pasillo y vuelta para bajar las escaleras.
Sin decir nada llegué a las mesas de revisión y por suerte vi mis lentes allí mismo. Un señor me dijo:
----¿Se le ofrece algo?
----Mis lentes, olvidé tomarlos.
----¿Son suyos?
----Sí ---- le contesté, (ni modo que sean tuyos güey).
----Un momento.
(Ufass). Y fué a preguntarle a otro que estaba tan atareado que ni caso le hizo.
----Está bien, lléveselos.
----Gracias.
Por escribir el diario se me olvidó conectarme al WiFi y reportarme a la casa.
Se hizo la llamada para abordar: A, B, C, y como siempre yo al último, de buenas que me tocó la señorita que había puesto su firma en el pase de abordar y me dijo adelante.
9 asientos por fila, a mí me tocó uno de los de en medio, hacia el pasillo, pero no importa ya estaba en el avión.
El vuelo se retrasó que según por problemas de llegada de equipaje . Ni en cuenta, yo me puse a ver películas: Mad Max la ganadora de óscares y una de Robert de Niro, de un señor retirado que volvió a trabajar.
Durante el vuelo nos dieron 2 comidas, primero te dan una toallita caliente húmeda para que te laves las manos. (en la segunda comida no me dieron toallita porque hubo un rato que me quedé dormido).
Lo pensado sucedió, me hizo recordar la canción de Mecano "No hay marcha en Nueva York", que dice: "señorita azafata el menú me hizo daño, sería usted tan grata de acercarme al baño".
Dolor intenso y retortijones, me tomé una pastilla así en seco. El malestar o al menos el dolor no duró mucho.
[Viendo como el avioncito avanzaba en el monitor, entre ensoñaciones, y meriendas, transcurrió el vuelo sin novedad.]
[FIN DEL DIA -2]