viernes, 3 de noviembre de 2017

Camino Real Mexicano

Camino Nuevo Laredo a Monterrey

3 de Noviembre del 2017

Recorrido de práctica, ruta de 12 km del plan de día 1 y una ruta alterna de 12.6 km.
Aprovechando que fue día libre decidí iniciar por la ruta alterna de 12.6 km ya que pasa por el panteón.
Me levanté tarde, me metí a bañar. Ví el reloj, casi las 10. Me puse doble calcetín, algo gruesos y acolchonados , camisa manga larga, después agarré la mochila ligera que solo cargaba 2 pañuelos y una botella de plástico con 2 litros de agua saborizada con el jugo de 2 limones. Me puse la gorra y a la salida de la casa agarré el palo de escoba más largo. Y es todo. A caminar.
Puse el celular en modo avión (para ahorrar pila), activé el GPS, inicié el programa E-Walk y cargué el recorrido nombrado como NLDMTY3 que indica la ruta a seguir.
Antes de entrar a la ruta caminé un kilómetro para tratar de comprar una bolsita de carnitas para llevar algo de comer. Pero es viernes no sábado y no estaban los vendedores.
Bueno, ni modo. De repente recordé que en el panteón era probable que aún estuvieran puestos de comida. Caminé unos 300 metros y me incorporé a la ruta planeada rumbo al panteón.
Es un tramo de 1 km por calles pavimentadas que nunca han sido de mi gusto personal, entonces a medio camino ví un senderito que serpenteaba entre el monte. “Pués qué puede pasar, ni modo que me pierda si aún estoy en la colonia” y lo seguí. Salí hacia una calle de tierra, mucho más aceptable que por donde iba. No me duró mucho el gusto, la calles de acceso al panteón también estaban pavimentadas.
A dos cuadras del panteón saludé a una señora que apenas ponía su pulguita de ropa, no ví nada interesante, me despedí y proseguí.
Toda la calle Camposanto estaba atiborrada de vehículos en ambos sentidos que batallaban para pasar. Había algunos puestos de comida, pero por el congestionamiento casi no podía ni acercarme a ellos. El primero vendía tacos de maíz y de harina de guisados preparados. No me convenció.
En seguida, en un puesto de comida casera, 3 mujeres sonrientes trataron de llevarme a su mesa, la verdad que sí se me antojaron las enchiladas, pero después de fijar la vista en la freidora llena de aceite ennegrecido, desistí. Ni modo, si hay que ayunar pues hay que ayunar.
En un puesto de cañas y dulces de todos tipos, compré una bolsita de cacahuates, no es muy buena comida pero en fin. Ya llegaba casi a la entrada del panteón. Y de repente escuché una bocina anunciando colitas de puerco a 25 pesitos. El amigo me escogió una gordita y grasosita.
Luego de una visita al panteón, seguí la calle Camposanto rumbo al poniente. 1.4 km de terracería hasta la primera vuelta a la izquierda.
Pero antes de eso y debido a que aún andaba por las últimas casas de la colonia me salió un perro ladrando pero el vecino lo calmó. Seguí adelante. Agarré la bolsita de la colita, ésta estaba ya casi sin carne y la corté en varias vértebras, para tener algo que echarle a los perros que me llegaran a salir.
Dí vuelta a la izquierda, el camino era de tierra, mucha tierra suelta, que hasta dunas se formaban dificultando el paso. Este tramo hacia el sur mide 2.3 km.
A medio camino escuché el ruido de un vehículo que venía aún lejos detrás de mí, yo ya estaba fuera de la mancha urbana y por tantas leyendas urbanas me puse un poco nervioso, ¿quiénes serán? ¿qué hago? ¿me meto en una de esas vereditas que van al monte y trato de esconderme?. Volteé y ví que era una “van” blanca con varias personas. Yo seguí caminando del lado izquierdo del camino. La “van” cada vez se acercaba más. Clavando el palo en la arena seguí si voltear atrás.
Escuché que se detuvo el vehículo a mi lado derecho. Una mujer gordita me preguntó:
------¿A dónde vas?
------Para allá, nada más caminando. Haciendo ejercicio.
------Ahh, bueno, pues, bay, qué estés bien.
------Gracias, igualmente hasta luego.
Ya estaba metiendo el cambio a primera cuando le pregunté.
------¿Y qué hay más para allá?
------Nada, monte. ------sonrió y puso marcha. Entonces pude ver que solo iban mujeres y aún así me ofrecieron “rait”. Bueno, me quedé pensando, si esto no es peregrinaje ni manda, sino conocer gente y lugares nuevos pues tal vez sí hubiera aceptado ir con ellas, pero… y si eran gancho o algo así, las leyendas urbanas seguían mortificándome… No mejor estuvo mejor continuar a pie.
Más adelante mis pensamientos se vieron interrumpidos por un gran can que de forma acelerada y ladrando corría hacia mí desde la casa de un rancho. Lo ví venir pero me confortó observar que entre él y yo se interponía el portón metálico del terreno.
De repente el perro tomó la posición de camaleón y se deslizó no sin dificultad por debajo. Me congelé de terror por un momento, pero reaccioné plantándome frente a él mostrándole el bordón y hablándole fuerte y con voz firme:
------¿Qué te pasa Nerón? Tranquilo….
El perro detuvo su carrera y me gruñía un poco desconcertado. Recordé los huesitos y le dije:
------¿Quieres un hueso? Espérame ahorita te lo doy. ------Le decía eso mientras que sin voltear buscaba con la mano izquierda la bolsita exterior de la mochila donde había puesto los restos de la colita de puerco, y que precisamente puse allí para rápido acceso. Pasaban los segundos, el perro gruñendo dando pasitos para delante y yo que no encontraba nada. Por fin moví la mochila al frente y pude sacar la bolsita de plástico. Se la mostré al “Nerón” haciéndola sonar para llamar su atención. Tomé una vértebra grande y con movimientos lentos se la arrojé hacia arriba. Cayó exactamente frente a él y sin mucho pensarlo la empezó a saborear.
Mientras tanto, emprendí la retirada caminando hacia atrás sin perderlo de vista, un perro ya venía también pero sin plan de ataque , me fui y ya no me siguieron.
Se acabó ese tramo hacia el sur, ahora tenía que virar a la derecha, hacia el poniente de nuevo, ví mi posición en la ruta preprogramada y seguí por una calle de tierra que tenía postes de energía eléctrica. Rápido me dí cuenta que por ahí no era la vuelta. La flechita de mi posición no coincidía exactamente con la línea de la ruta. El camino correcto debía ser un poco más delante.
Efectívamente, el camino era por una calle de tierra sólida, más angosta y con yerba en medio y monte tupido alrededor. Como a unos 50 metros divisé una pick-up con camper, detenida en medio del camino y con la tapa abierta. Otra vez los pensamientos de desconfianza ¿habrá peligro? ¿le sigo o busco una ruta alterna? Me detuve un momento observando. No tuve qué esperar mucho. Un hombre como de mi edad salió del monte cargando leña y llevándola a su camioneta.
------¡Buenos días!
------Qué hubo “Maik” ¿Qué hace?
------Caminando, haciendo ejercicio.
------¿Y para dónde vá?
------Para allá. Hasta la carretera.
------¿A poco? ¿A cuánta distancia está?
------Unos 12 kilómetros desde el kilómetro 10 de donde vengo.
Hizo una mueca de admiración. Le dije que iba con un poco de pendiente de no encontrar gente sospechosa. “Es muy raro”, me dijo y “no molestan a la gente como nosotros.”
“Bueno pués, ojalá…” (o sea “que así lo quiera Alá”, según sé que significa). Nos despedimos y lo dejé trabajando con su leña.

Unas casas en obra negra abandonadas aparecieron a los lados, imaginé la casita con su galería y su chimenea, llena de colores, piñatas y mesa con comida rodeada de gente feliz conviviendo alegres en un día de la coneja. Pero no… la imagen desapareció y en su lugar solo estaban unas desnudas y tristes paredes de block rodeadas de yerba crecida y matorrales de todo tipo.
El camino es muy bonito pero compuesto de tramos largos y rectos, recordé que no había traído nada para escuchar música, entonces me dí cuenta que el camino para nada es silencioso , desintoxicado del mundanal ruido pude apreciar los cantos de la aves, su bellos trinos, las aves se comunicaban entre sí en su lenguaje incomprensible para los humanos.
A 1.5 kilómetros de ese tramo la vereda empezó a curvear a la izquierda, alcancé a distinguir una cerca adelante, ningún portón a la vista, de hecho el camino no continuaba recto, sino que curveaba al sur. Seguí caminando en esa dirección. Saqué el celular y ví que esos pasos me alejaban del camino proyectado. Me regresé y llegué al punto antes de la vuelta, “en algún punto debía seguir el camino. Pues si lo ví en el Google Earth por allí debía estar”. Me metí entre la yerba llegué a la cerca y la seguí caminando al norte donde me indicaba la ruta, observando con cuidado del otro lado. ¡Eureka! metros más adelante pasando el cercado, un vereda, mas angosta, continuaba al poniente.
Pues no hay qué pensarlo mucho, metí el palo entre los alambre de púas y apoyándome de una posta resistente en la esquina empecé a ascender para brincarla. Pan comido. Alegre ví el camino ya más claro y empecé a caminar. Ya estaba de nuevo en la ruta planeada.
800 metros más adelante me encontré una cerca junto a un portón, utilizando sus travesaños como escalera pude escalarlo y pasar del otro lado fácilmente.
Pero solo caminé unos 10 metros cuando unos mujidos me hicieron detener. A mi izquierda ví un grupo de vacas y un toro negro en medio de la vereda. Pensé que si se me dejaran venir puedo intentar tirarme al suelo como lo ví en un video. Pero otra opción era sacarles la vuelta brincando un portón del terreno de la derecha, un cercado dividía ambos terrenos. Ese camino alterno solo llevaba hasta una pileta que les servía de abrevadero, así que me subí a una de sus paredes. La vacas y el toro se metieron al monte.
1 kilómetro más adelante, una cerca marcaba el límite del terreno. Misma operación, brinqué la cerca de púas sin novedad. Los caminos en curva en las esquinas del terreno son muy comunes en los ranchos para patrullar sus territorios y vigilar el estado de los cercados para que no escape el ganado, pero las huellas no indicaban ningún paso reciente de vehículos. Todo tranquilo.
Ese terreno solo medía 340 metros. Otra cerca así lo mostraba. Un brinco más sin problema. Tal vez una pequeña enganchada del pantalón pero sin consecuencias.
A mitad del camino de este rancho algo llamó mi atención, era una roca redonda de unos 2 kilos de peso, adornada por un sinfín de caracolitos , muestra clara que también estas tierras alguna vez fueron parte de un gran océano. Seguí caminando, pero solo unos pasos y decidido regresé por ella, la envolví en el pañuelo grande y la eché a la mochila. Pausa para tomar agua.
Hasta aquí el día seguía nublado, el sol asomaba solo en algunas ocasiones. En seguida pasé otros 2 tramos de 340 metros con su respectiva división. Estas 2 ya por fin tenían portones hechos con alambres de púas. Los abrí y los volví a cerrar, un tercer portón estaba tirado y así lo dejé.
En medio de esos tramos, en el rancho vecino ví a lo lejos una caseta negra con ventanillas en sus 4 lados, elevada por 4 patas. Supe lo que era, andaba en medio de un coto de caza. Afortunadamente las ventanillas estaban cerradas. De cualquier modo aceleré el paso.
El tramo poniente de 4 y medio kilómetros terminó con cerca sin portón, la ruta indicaba vuelta al norte y enseguida de nuevo hacia donde el sol se pone. Así que viendo las opciones era mejor pasar del otro lado de la cerca de una vez. Esta estuvo fácil. Me deslicé por debajo del alambre inferior aprovechando su separación respecto al suelo.
Levanté la mochila, me puse el pañuelo bajo la gorra y ya voy en el tramo norte, solo eran 300 metros. El sendero se iba estrechando y desapareciendo en medio de mucha yerba. Los últimos 30 metros estaban oscuros cubiertos de árboles y matorrales tupidos. La ruta indicaba que debería haber un camino a la izquierda y el GPS indicaba que mi posición estaba llegando al momento de dar vuelta. Pero por más que volteaba no veía sendero a la vista. Me preocupé pero seguí. Con el palo tanteaba el terreno, casi a oscuras y con el camino cubierto. Otra vez, ojalá no haya una serpiente por donde voy pasando. Por fin el GPS ordenaba vuelta ala izquierda. Dí vuelta aún por un camino cubierto, la veredita fue apareciendo poco a poco, así como la luz del día.
Recta final de 2 kilómetros hasta llegar a la carretera libramiento Mex-2. A medio camino por primera vez ví los tráilers y el ruido de la autopista. Concluído el tramo llegué a la cerca final del terreno, afortunadamente no hubo necesidad de brincarla pues había un portoncito que se podía abrir desenredando un alambre.
Mitad de la misión cumplida. He llegado a la autopista. Debió ser extraño ver a un caminante salir de entre el monte con mochila y bordón. Crucé la autopista de 4 carriles y llegué al punto donde continuaba el camino rumbo al poblado de nuevo Camarón. El portón que ví por satélite estaba allí, entreabierto invitándome a pasar. Así lo hice. La veredita, muy clara serpenteaba entre el monte, eso era para mí como un pedazo de pastel a la vista de un adicto al azúcar. Pero me resistí y dí media vuelta. Sentí como mi espíritu se salía de mi cuerpo y se empeñaba a seguir ese sendero. El plan era de sólo un día, debía regresar.
La recta final de 2 kilómetros era la misma de la ruta de regreso. Aparte de este tramo, el recorrido proyectado era diferente y más hacia el norte.
Observé mis huellas al desandar ese tramo. En el terreno de al lado había una torre de comunicaciones rodeada con un perímetro de bloques que mostraba huellas de haber sido bandalizada ya que se veía un gran boquete en una de sus paredes. Ese terreno tenía varias divisiones cercadas de modo que era mejor ir por el terreno sur.
Quedaba poco menos de un litro de agua. Comí unos cuántos cacahuates. Ví el reloj del celular, las 3 y minutos, el sol brillaba pleno. El celular emitió 2 pitidos ¡Oh, sorpresa! Solo quedaba como 12% de pila del celular y había aún mucho camino por recorrer. Creo que fue mala idea dejar encendido el GPS desde las 10 de la mañana registrando todo mi trayecto.
Como la ruta de retorno indicaba giro a la izquierda, me pasé al terreno norte pasándome por debajo de los alambre de púas. El camino norte era sencillo y limpio (a diferencia de la esquina oscura y tupida del terreno sur por donde había pasado de ida). Mide 400 metros.
Ahora había que pasar a través de una cerca de púas dirección noreste. Imposible pasar por debajo y los palos eran débiles como para brincar la cerca usando los alambres como escalones. Otra opción era pasar entre los alambres centrales. Apoyé el palo en el cuarto alambre levantándolo todo lo que pude y clavé el otro extremo en la tierra. Me quité mochila, gorra y hasta el celular y me dispuse a pasar entre los alambres bajando con mis manos el alambre 3. ¡Donde se suelte el palo me voy a dar una buena ensartada! “Sería mejor un palo con punta de orqueta para soportar el alambre con mayor seguridad”, pensé. Pero el palo no se zafó y pasé bien.
La diagonal de 750 metros fue agradable, pasé a un lado de vacas las cuales solo se quedaron viéndome sin molestar. Siguió un laberinto de portones color naranja sin candado, que solo había que abrir y volver a cerrar, de modo que para seguir el camino correcto tenía que usar el GPS.
Siguiente tramo de 1 kilómetro también en diagonal terminó en un portón de abrir y cerrar. En seguida 2.3 kilómetros al oriente. Fue todo lo que pude verificar porque el celular se apagó.
Me fui por el camino del terreno norte, pues el sur tenía cercas divisorias y en partes no se veía paso. El lado norte también tenía tramos difíciles donde el monte había invadido el camino. Usé el palo como de costumbre golpeando la yerba frente a mí y también fue muy útil para hacer a un lado los arbustos de espinas y poder pasar.
El tramo de 2.3 km terminaba en una cerca de alambre de púas muy reforzada. Del otro lado no había nada. Me subí a la cerca y trate de ver en los alrededores buscando el camino. Ninguno a la vista. Lo único que sabía es que debía seguir rumbo al oriente, pero ya sin celular desconocía dónde estaban los caminos.
Al llegar este tramo a su fin y sin veredas a la vista me encontré oficialmente perdido en medio del monte. Intenté varias veces encender el celular. Imposible.
Ok, vamos a seguir el manual: Conservar la calma. No hay problema estoy calmado. Un sorbo de agua. Buscar un lugar alto para ver los caminos existentes, pero en una planicie en donde estaba, sin colinas donde subir mejor pasar a otra opción.
Ubicarse. Mi dirección era rumbo al Este. Por lo tanto sé dónde está el norte y el sur. Decidí ir hacia el norte. A través de la cerca nunca ví ningún camino al Este. Caminé 750 metros y la vereda se fué cubriendo de yerba hasta desaparecer. Había una cerca al final con un portón de alambre muy bien sujeto. Sin veredas claras a la vista. Tenía la opción de regresarme o pasar la cerca y voltear al oriente entre el monte. No me agradó la idea de regresar.
Pasé entre la cerca y posta principal haciéndome flaquito. Luego pasé la mochila. Del otro lado una selva espesa me esperaba. Como a 50 metros al poniente ví una caseta de cazadores. ¡En la torre mi general! Espero que no sea temporada.
Pues a poner a trabajar al bordón. Caminando al lado de la cerca que acababa de pasar la yerba empezó a elevarse a medida que avanzaba, hubo tramos en que casi llegaba a mi tamaño. ¡A dónde me vine a meter!
Por más que veía adelante, todo era igual, allá más adelante el terreno subía, era una colina, tenía esperanza de que mi “camino” mejorara. En eso pensaba cuando escuché algo parecido a 2 disparos, algo lejanos, quiensabe. La situación se extendió por 500 metros mas, hasta que apareció un camino del lado sur y me pasé del otro lado. Un camino muy malo, irregular, con pozos, mucha yerba, pero transitable.
Como 400 metros más llegué a lo mas alto de la colina. Y una vista que me pareció maravillosa apareció de repente ante mis ojos. Solo era mi colonia, la civilización. Lástima, no fotos.
La bajadita fue mucho mejor, basura por todos lados. De repente escuché un vehículo muy cercano, pasó raudo del lado izquierdo. Debía haber una carretera cerca. (después descubrí que era el camino de la línea del gas). En un claro la ví. Dejé el mal camino y me pasé a esa calle de tierra. Amplia y en buen estado.
Lo siguiente fue rutina. Expedición concluida. Llegué a la 5:00 P.M.
Marcador final:
Rancheros enojados por pasar por sus propiedades: 0
Autos con gente de dudosas intenciones: 0
Perros bravos: 3
Nuevos conocidos: 2
Excursionistas felices: 1 (yo)