domingo, 1 de mayo de 2016

El Camino de Santiago DIA -1

MADRID

Domingo 1 de Mayo de 2016

Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez Madrid-Barajas
Madrid, España.

    A actualizar los relojes, hay que adelantarlos 7 horas.
    Bajando del avión un recorrido maratónico de pasillos, elevadores y tren gratis que nos llevaría a la planta baja de la aduana. El oficial de migración me pidió la reserva, hizo algunos comentarios y pues estampó el sello de entrada.
   Pero apareció el prietito en el arroz en forma de uno de la guardia civil que por preguntarle por la salida, él a su vez se puso mas preguntón que ni los de la aduana. "¿otra vez?, ya le mostré todo a los de aduana", le dije, total que me hizo pasar la mochila por la máquina de rayos X, "Qué piensa ¿que no funcionan las anteriores del aeropuerto o que pasé sin que me checaran? ¿o qué?, se me hace que estos no tienen nada qué hacer y andan a ver en que se entretienen". y al final otro me dijo que levantara los brazos y se puso a "catearme", bato mañoso, ¿y así nomás, sin decirme ni una sola palabra de cariño?"
    Todavía hablaron algo entre ellos y luego me "liberaron". Ya para entonces estaba que no me calentaba ni el sol, me quería regresar a la aduana decirles que su bienvenida al país no sirvió de nada y acá habían otros mas importantes que ellos y que me habían impedido la entrada al país, pero hice uso de toda mi escasa paciencia y le dije al guardia cuando me encaminaba fuera de su oficina:
-----¿Ahora si me va a informar lo que le pregunté? que fué la razón por la que me dirigí a usted. (yo de tonto, me resultó peor)
-----Sí, claro, mire, siga ese pasillo y después.... allá están los buses y taxis, etc, etc.
    Y me retiré sin voltear atrás, y ni acordarme de ese oficial quisiera, pero ni hace falta ese pensamiento porque tengo mala, malísima memoria en recordar rostros, si mañana mismo lo encuentro en las calles ni me acordaría quién es.
   Salí por fin del aeropuerto,y de inmediato sentí un frio y una soledad que me deprimió. Sin cuidado saqué la bolsita de los euros y extraje unos cuantos billetes para traer efectivo.
Estaban 3 buses allí en la acera. El chofer del primero me dijo: "pase al siguiente" y al preguntarle al segundo me dijo que el que va al intercambiador de la avenida América era aquel tercero que estaba en la esquina.
Recorrí los aproximadamente 20 metros que nos separaban, pregunté para confirmar destino y me subí.
-----¿Cuánto?
-----1.50 -----me contestó, saqué un billetito de 5 y me regresó la feria, ya conocí entonces los euros en monedas.
    Buen paseo hasta el centro de Madrid, el bus iba casi vacío.
    Al bajar, de nuevo el frio, la mochila no pesaba tanto, creo poder con el paquete.
   Caminé unas cuadras y como me perdí utilicé el GPS.
    Llegué a una placita solitaria y me senté un rato, muy a pesar mío el incidente con la guardia civil a la salida del aeropuerto, me afectó, de tal manera que sentía temor de que pasara una patrulla y me detuviera por sospechoso, caminando solo y cargando una mochila. El trauma y la depresión causaron que pusiera en duda mis planes de andar de turista un día por la capital antes de iniciar la gran aventura: El camino. Hasta quise tapar o quitar la bandera estampada en tela que orgulloso había pegado a la mochila, pero no, "esa allí se quedará todo el viaje", pensé, ya estaba aquí, había logrado cruzar el charco y no iba a desperdiciar la oportunidad, así que me sobrepuse y me llené de ánimo para continuar.
    Me levanté de la banca, me eché la mochila a los hombros y me dirigí al primer punto programado, del conjunto de museos y cosas interesantes qué ver.
    Ubicándome en el primer punto, en los siguientes la idea era contar cuantas cuadras y en qué dirección para llegar al siguiente punto y así.
   Llegué al museo Sorolla, me senté un rato en una banca, luego fui a la entrada a leer los anuncios y grande fue mi decepción al leer que estaba cerrado debido a que hoy era día festivo. (Nunca sospeché eso cuando hice la planeación de este día).
    Las construcciones allí estaban para verlas, al igual que los museos y exhibiciones al aire libre.
   Seguí la ruta planeada y comprobé que los museos estaban cerrados, solo en uno pude entrar pues el guardia se portó amable y me dejó entrar a ver y todavía me explicó la historia del lugar. La mayor parte de la gente son amables y te dan indicaciones, ja ja, empecé a escuchar ese acento característico junto con sus modismos.
   Caminando, caminando y tomando fotos, recorrí calles y avenidas respetando los semaforitos peatonales, escuchando el tin, tin, tin, tin.
   Llegué a un parque muy bonito con construcciones estilo egipcio. El frio continuaba pero ya lo sentía menos, desde casi cuando empecé la ruta turística a pie me andaba del uno, pero nunca encontré dónde.
Había unas carreras, un evento que reunía mucha gente, al avanzar vi que tenían baños portátiles y me regresé, fue difícil atravesar la calle. Y en vano, la señora de la entrada a la placita me dijo que no podía pasar nadie y los baños eran exclusivos no sé para quién.
    Pero sirvió el desvío porque la iglesia de Santiago y San Juan estaba allí cerca y de haber seguido me hubiera pasado. Pregunté, y aparte reconocí cosas cercanas que ya había visto en google street maps.
    Al llegar a la iglesia estaba una señora a la que le pregunté si la oficina estaba abierta, me dijo que sí y me indicó por dónde me fuera. Al entrar vi que había misa, así que decidí sentarme en la última banca. Me esperé hasta el final de la misa. Y para concluir dijo el padre que proseguiría a bendecir a los peregrinos presentes, hasta entonces me percaté de una pareja hombre y mujer con unas mochilotas, que dejaron allí, se levantaron y caminaron al frente. Yo sin pensarlo me levanté también, era mi oportunidad. Al llegar al frente me puse al lado de los otros y le dije en voz baja al cura: yo también soy peregrino.
   Nos dio la bendición, dijimos amén y pasamos a la oficina. Atendió primero a la pareja y luego me pidió el pasaporte, me preguntó desde donde iniciaría el camino, le dije que desde Saint Jean Pied de Port, puso los datos en la nueva credencial del peregrino junto al sello de la parroquia y me la extendió. ¡Por fin la tenía en mis manos! El cura al ver los euros que tenía en los dedos me dijo que no se cobraba pero podía depositarlos en la urna del apóstol, lo cual hice.
Rápido me tomé una foto (la cual después vi que no salió bien).
    Angustiado por las ganas de ir al baño salí casi corriendo en busca de mi hostal que tenía reservado y pagado.
    Aunque llevaba casi 5 horas de necesidad, aun así me puse a meterme por unos arcos de la calle mayor donde vi que había muchísima gente y con vendimias de comida y mesas con ventas estilo bazar.
De entrada por salida. Vi el mapa. Para no perderme me fui directo a la puerta del sol y de allí una cuadra.
    Llegué a la esquina, busqué la puerta con el letrero compartido que decía "RC Miguel Angel".
    Empujé la puerta grande y doble de madera, estaba con llave, vi los botones de timbre y oprimí el correspondiente. Al escuchar una voz le dije: "Tengo reservación".
    Era la 1 pm, se escuchó un ruido de desactivación remota de la chapa. La empujé y se abrió.
Entré. Había una especie de elevador pero la puerta metálica estaba bien cerrada y no había botones.
"Quiensabe", tal vez sea otra cosa. Vamos a los escalones, que a caminar vinimos.
Un piso, 2 pisos, oscuridad total, ¡aay nanita!, esto se ve tenebroso, desenfundé el celular chico y activé la luz.
Tercer piso, cuarto piso, las escaleras continuaban.
Por fin, el último piso estaba iluminado y donde se sentía otro ambiente, por lo menos la luz cambia la perspectiva.
No tuve necesidad de decir mi nombre, ya me esperaban, me dio la señora llaves, tarjeta para acceder al cuarto, indicaciones del locker y la litera.
Me fui directo al baño, sentía que me estaba haciendo daño aguantarme tanto.
Estaba cansado, así que me recosté un momento después de poner la mochila en el locker.
Creo que dormité un rato.
Desperté cuando una muchacha entró a la habitación, se albergaba allí también, un pequeño saludo y silencio. Yo hice lo mismo, si no me hacen plática yo tampoco.
    Como a las 2, tomé la bolsa de adidas que se cuelga a la espalda y me dirigí a la continuación del itinerario.
Un mercadillo, especie de pulga como la conocemos, nada qué comentar y todo carísimo.
Como necesitaba comprar comida, pensé comer algo típico del lugar, me sugirieron unas empanadas madrileñas rellenas, "Óra pués", una de pollo, otra de pulpo y una  botellita de agua por promoción.
(cada empanada costaba 3 euros por separado).
    En otra tienda compré un pedazo de longaniza y un cuartito de queso de cabra 7.20 € en total.
Mas adelante y a la vuelta del mercadillo vi que vendían frutas, 3 naranjas y 2 peras 1.10 € (se me hizo barato).
Por esa misma calle, caminé sin rumbo fijo hacia el oriente, llegué hasta la terminal de Atocha donde están 2 cabezas gigantes de bebé.
Al seguir esa misma calle saqué una naranja, ¡qué sorpresa! estaba rara y riquísima, más color naranja y más carnosa, no se veían los gajos, una delicia.
Al ver que me alejaba mucho dí vuelta al norte. Pregunté por el Parque del Retiro, unas cuadras más adelante y llegué.
 ¡Muy bonito! Caminé por largo rato, entre árboles altísimos, prados verdes, arroyos y puentecitos.
Visité el Palacio de Cristal
  y otros atractivos que me encontré.
 Salí del parque y caminé siguiendo mis instintos (que como siempre estaban mal) todas mis coordenadas mentales no coincidían con las reales.
Hice uso del GPS del celular y seguí las direcciones aunque yo sentía que caminaba en sentido opuesto.
 Pero la tecnología no se equivoca y llegué al hostal, no sin antes darme una vueltecita a la cuadra, nada mas para no perder la costumbre.
Al llegar al cuarto, la compañera de habitación (de pelo rubio y vestida con una especie de atuendo árabe) se puso a platicar conmigo.
    Se metió a bañar y salió a comprar algo, yo aproveché para darme un baño y lavar la camisa.
    Me puse a mandar mensajes con Blanca y con Esme.
10:51 El día ha concluido. Hora de dormir.

[FIN DEL DIA -1]

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