domingo, 22 de mayo de 2016

El Camino de Santiago DIA 20

Desde San Martín del Camino hasta Astorga

Domingo 22 de Mayo del 2016

Albergue particular de peregrinos en San Martín del Camino
población pequeña y con pocos habitantes que depende del municipio de Santa Marina del Rey, en la provincia de León (Castilla y León, España).
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De nuevo el último en salir del albergue. Josep me dijo que iría despacio, que seguro lo alcanzaría en el camino, que estaría tomando un café.
"OK, nos vemos, amigo".
Ya listo todo, salí, pero mira qué clima me esperaba: ¡frío, lluvia y viento!
Me puse el impermeable y a darle que no hay de otra.
Hoy se veía una jornada de total sufrimiento por el frío, la lluvia y el viento que me sacaba del camino.
Partes por el arcén y partes de veredas que se adentraban al campo y volvían a acercarse al pavimento.

Saqué un tetrabrick de chocolate y un polvorón que compré en la tienda y le dí un poco de alimento a mi estómago, que dejé sin cenar ayer, después un plátano y un pedazo de chocolate al final "para que amarre".
A pesar que salí a las 6:30 am, pasaban de las 8:30 cuando llegué a Hospital de Órbigo.
En una banca me quité el zapato derecho pues las piedritas vuelven a meterse.
Vi el tremendo daño que ya muestra. Le apretujé pedacitos de hielo seco que me encontré ayer por el camino, de los pedacitos de plástico que le había puesto ya ni sus luces.
La herida del talón izquierdo se veía seca, pero me dolía a cada paso y así, medio pisando en falso y más lento que de costumbre seguí el camino.


Al pasar por el primer café del primer pueblo de hoy (hospital de Órbigo) allí estaba Josep sentado y ya sabía lo que sucedería:
"pásale, siéntate, ¿qué quieres tomar? ¡café? ¿comer?"
Y pues con mucha pena seguí de largo.

El pueblo es hermoso y tiene un gran puente donde dice la historia "se realizaban duelos de caballeros con armadura"
El puente está adornado con banderas que le dan un aspecto muy medieval que te transporta al pasado.
[se permiten competencias pero prohibido morirse]
Tomé muchas fotos. Al pasar por una tienda compré 2 mazapanes y una galleta.
Eran las 8:50 cuando salí de Puente de órbigo.
Siguió un tramo de camino de tierra y monte, con granjas a los lados. entre un canal y una pared fui al uno, me lavé las manos con agua de mi botella.
Me apreté la gorra de la chamarra e hice nudo para que no entrara el aire frío a mi ya muy perjudicada garganta.
En eso oí pasos y veo que me rebasa un muchachón alto, de barba, con una gorrita muy mona, vistiendo un gracioso calzoncito rosa.
Yo con tanto frío y este casi todo destapado y como si nada. Y allá se fue contoneándose como competidor de marcha de 50 km.

Vi el reloj del celular: las 9:20. A las 9:30 entré a Villares de Órbigo.
Al ver la iglesia (como de costumbre) me salí del camino y fui a verla de cerca.
Luego recorrí unas cuadras y de nuevo el camino.
Pasé por un restaurante, con adornos y dibujos, uno me pareció interesante y artístico pero no le tomé fotos.

A unas 2 cuadras estaba una fuente de un hombre y un perro. Tomé fotos.
Luego, de esas cosas fuera de plan que hago a veces me regresé al restaurante.

Me encontré un amigo alemán que seguía el camino y al ver que yo iba en contra me dijo:
-----El camino es para allá.
-----Sí, Ok, es que voy a tomar unas fotos.
-----Ok, buen camino.
Pues total que tomé la foto que deseaba.

Solté la mochila y el bulto de comida y me metí (al restaurant) a ver qué veía.
Allí sobre el mostrador estaba la tortilla de huevo y papa que me gustaba. Y a 1.50. Pedí una porción. Me lo calentó e incluyó 2 rebanadas de pan y un sobre de mayonesa.
Fui por la mochila y allí en una de las mesas, viendo TV, di cuenta de la comida. Esto estuvo mejor, muy sabroso.

Salí del poblado.
Siguió un tramo de monte alto, cuestas y mas cuestas ondulantes.
A las 10:55 me rebasó un pelotón de ciclistas lugareños de todas las edades.
Esta parte fue de las más críticas, el frío y el viento arreciaron y mi talón me daba mas molestias.

Sube y bajas que se me hicieron que no tenían fin, y seguía y seguía, caminando, caminando, un pie, luego el otro, otra vez y otra vez.
A pesar que ya no siguió la lluvia yo tenía frío y el impermeable me ayudaba a guardar mas calor.
Pasé Santibáñez de Valdeiglesias.
Pasando una cruz a un lado de un monigote me salí del camino en busca de un arbolito.
Casi eran las 12 pm cuando llegué a "la casa de los dioses", que atiende David de Barcelona (ya lo había visto en YouTube) y lo acompaña una mujer extranjera muy amable.
Me hicieron plática (y pues para qué me hacen plática si ya saben como soy).
Total que allí me quedé un buen rato, me comí un pedazo de sandía y me serví medio vaso de jugo de uva natural.

Estuvimos platicando de mi vida como misionero de tiempo completo en Yucatán, y algo parecido hacen ellos al ayudar a los peregrinos que llegan allí después de una etapa muy dura.

Me invitaron a comer "cus-cus" que es como un arroz con verduras, sabe raro.
David me preguntó si con el "cus-cus" quería un par de huevos fritos, le dije que sí.
Luego de un rato nos sirvió la mujer y nos pusimos a comer los 3. Yo saqué mi cuchara de la cangurera y comí con ella. David luego me trajo 2 pedacitos de pan negro ya algo duros.
Luego llegaron otros peregrinos y una mujer también pasó a comer "cus-cus".
Yo me hice a un lado y como ya tenía mucho rato allí (mas de media hora) pensé que era tiempo de retirarme.
Un chavo que llegó antes de mí en una cuatrimoto nos tomó fotos.
Me cargué la mochila, me despedí, la mujer hospitalera de "la casa de los dioses" me abrazó y me dio un beso en una mejilla, luego en la otra, yo como de costumbre en estos casos solo pongo la mejilla pero no doy ningún beso, solo los recibo. David también me dio un abrazo. Deposité mi donativo en su caja.
Ya con anterioridad había puesto el sello en mi diario. Y así sin más, partí de ese lugar.

De camino a Justo de la Vega me encontré con un Irlandés que se trajo a esposa, cuñados, hijos (7 en total) a conocer el camino, pero a la familia les apoya un carro, cargando mochilas y con lo que llegaran a necesitar (ahh, que padre, así hasta yo que estoy tontito).
A la 1:22 llegamos a un parquecito que está justo a la entrada de San Justo de la Vega.
 
Allí empezó un torturante peregrinar en busca de un baño, unos agudos retortijones que como puñales clavándose me causaban un profundo dolor.
No había lugar ni para dónde correr, pensé pedir permiso en un albergue, pero nada en el camino.
Doblado de dolor, de frío y de cansancio por el pie malo, atravesé todo el pueblo, de cabo a rabo.


Al final un puente que pasé a duras penas, el aire muy fuerte me sacaba del camino y temía que me empujara hacia los coches que pasaban a un lado y yo me aferraba a permanecer caminando por la banqueta.
Empezó un montecito pero de pendiente muy inclinada y lleno de espinas.
"Mas adelante tiene que haber un lugar, un lugar" pensaba, y sujetando fuerte la mochila apenas si podía ver con la gorra y la capucha cubriéndome del aire y del frío.
El camino se desvió por una vereda a la derecha y se alejó de la carretera.

Cerca estaba el rio que recién cruzamos por el puente "¿y si me doy una escapadita entre los árboles?" pero quedaba lejos del camino y había mucha yerba espinosa que debía cruzar. "No, mejor le sigo".
A unos 50 metros de allí ¡una casita abandonada que ni caída del cielo!
"perdón y compermiso, pero la naturaleza me llama ...y con llamado urgente."
A pesar del salvador lugar el dolor siguió. Y siguió el largo camino para llegar a Astorga.

 Unos peregrinos vivillos se fueron por el arcén de la carretera y nos alcanzaron en el cruce del ferrocarril que pasamos por un puente muy alto de rampas ¿y quién apareció allí con su vocecita melodiosa? el muchachote del calzoncito rosa que lanzaba piropos a varias mujeres mucho mayores que él, y ellas encantadas.
No sin poco esfuerzo cruzamos las vías luego de varias rampas de subida y otras tantas de bajada.


Al salir del puente estaba una mujer que tenía como una libreta y unos volantes, "si es una encuesta le diré que no tengo tiempo, que me urge llegar al albergue" ¡y era cierto!
Me hice el despistado y me fui por el extremo del pasillo pero la mujer me alcanzó y entregándome un papel me dijo:
-----Mira, aquí dan cama a peregrinos por donativo, vé, estarás muy a gusto.
-----Gracias. -----Tomé el papel y seguí sin detenerme. Lo leí , me fijé en la dirección y me lo eché a la bolsa.
Por fin ya estaba en Astorga. Vi la hora: 2:30 pm. A veces los albergues se llenan desde mucho antes (a Sahagún llegué a las 12 pm y el parroquial ya estaba completo de puras reservaciones ¡Qué falsos! En fin).
El camino me llevó por la calle principal donde, después de una calle de subida, llegamos al albergue "las siervas de María", unos peregrinos entraron y otros no. Yo seguí el camino para ir a ver la opción del papel, arriesgándome a perder plaza en el albergue conocido y donde se quedó el amigo de Monterrey que ya hizo el camino.
Pues allá voy, preguntando por la dirección esa, que "dale para allá", que "dale vuelta a esa calle", que por fin " es allá enfrente".

Una callejuela con un edificio alto de ladrillo sin ningún letrero de albergue, ni peregrinos afuera descansando o platicando como de costumbre.
Entré.
¿primer o cuarto piso? El papel estaba confuso. Subí las escaleras. Todo en silencio y a oscuras. Y como yo soy muy "valiente" () pues a explorar.
Además me recordó el hostal de Madrid, así estaban las escaleras de oscuras y hasta el cuarto piso había luz, vida y letrero de hostal, y yo esperaba algo así acá, por eso seguí adelante.
Mas pasillos, puertas cerradas, silencio y oscuridad. "Esto está de terror" pensé.
Llegué a una puerta abierta, había una mesita con un block de hojas como registro, pero ningún sello como tienen todos los albergues.
-----Hola, buenas tardes -----exclamé.
Silencio, silencio sepulcral, otra vez:
-----Señor, señora... ¿hola?
Nada.
-----¡Buenas tardes! -----ahora casi gritando, "así deben oírme".
Entonces decidí traspasar el límite de la mesita y empecé a explorar qué había mas allá.
Habían unos carritos metálicos llenos de sábanas blancas y un cuarto con una cama matrimonial con el colchón desnudo, y en seguida otro igual, los cuartos estaban encerrados, en las paredes no se apreciaban ventanas. "¡Ay nanita! mejor me escapo de aquí mientras pueda".
Y patitas para qué las quiero, mientras me dirigía hacia las escaleras me imaginaba que me cerraban el paso 2 enfermeros para enclaustrarme en uno de esos cuartos para "quiensabe" qué fines.
De suerte no salió nadie, descendí rápido las oscuras escaleras y pude ver con alivio de nuevo la luz del sol.


Rápido de regreso al albergue que había quedado algo retirado.
Entré todavía un poco agitado:
-----¿Hay lugar para un peregrino más?
-----Sí hay -----me contestó la hospitalera.
-----¡Qué bueno!
Ya mas tranquilo, registro, sello y pagué 5€.
¡Qué maravilla llegar a un albergue lleno de vida, luz y movimiento!
Después de mí llegó otro señor y a ambos nos condujo la hospitalera a nuestras camas.
Solo quedaban las camas superiores de un par de literas que tiene el cuarto llamado"Arzúa". Escogí la cama con vista a la ciudad, pegado a la ventana ¡Qué bien!
Primero lo primero, al baño, luego bajé a lavar los calcetines, antes estaban enteritos y nuevos y ahora lucen unos grandes agujeros y de "pachoncitos" ya no queda nada. ¡y todavía me faltan como 15 días de caminar!
Fui a tender los calcetines al patiecito donde muchos peregrinos se asoleaban cómodamente. Y allí en los escalones bajo el sol, también me senté un rato con mi pie desnudo, tenía esperanza de que la luz del sol acelerara la curación, cuando observé que me había salido ¡otra ampolla! en la parte baja de la otra ampolla que había sido reventada y atendida por mis amigos coreanos en Calzadilla de la Cueza.
¡Oh! y mañana nos esperan tremendas cuestas que subir.

Fui al cuarto, puse a cargar el celular y escribir un rato. Luego al baño y pensé que era tiempo de botanear algo, así que me cargué la bolsa adidas con alimentos y fui a la cocina, un chavo me regaló un poco de sal.
Me iba a sentar en el comedor cuando a través de la ventana vi que afuera en una terracita habían mesas, sillas y algunos comensales. Y al llegar allí: ¡mi amigo Josep! que al verme se alegró mucho y empezó a decirme tantas cosas en alemán que solo le entendí la mitad. Me contó que estuvo mucho rato en el restaurant de Hospital de Órbigo esperándome.
Me prestó su navaja suiza para partir un aguacate y busqué en mi cangurera mi cuchara para echarle aguacate a mi comida y nada, busqué bien, abrí la otra bolsita, nada, mi cuchara favorita ¡no estaba!
"¡Mi cuchara! ¡ hasta me dan ganas de llorar...!"
¡Se me quedó en "la casa de los dioses"!
¡Oh, no! ya la perdí para siempre, no sé si podré superarlo. En fin. Este día perdí otra cosa más que se une a la bolsa de vino que se me cayó al salir de Pamplona, entre otras cosas.
Cabizbajo y meditabundo me puse a comer medio aguacate y ya de puro coraje también abrí la última lata de sardinas que me quedaba.
En esas estaba cuando una señorita de la mesa de enfrente nos dijo que les había sobrado mucha comida, que si queríamos espaguetti con vegetales. Dijimos de inmediato que sí.
De rato nos trajeron sendos platotes cargados con pasta y vegetales. Comparto las sardinas con mi amigo Josep y nos dispusimos a darnos un banquete.
Bueno, hoy fue de los días "donde el pato nada".
Luego fuimos a lavar los platos y el tenedor.
Pura risa con Josep que después de la comida había olvidado en qué cuarto estaba su cama, no recordaba el nombre del cuarto ni el color del piso e iba abriendo todas las puertas, y de repente abría cuartos de solo mujeres. ¡ups! ja, ja, ja, ja.
Los baños son unisex, (yo no sabía) entré a lavarme las manos a un cuarto de duchas después de ir al baño y en ese momento salió una mujer solo cubierta con una toalla, me disculpé y ella me dijo. "no hay problema", no le vi la cara, la cubría su pelo húmedo.

Por fin Josep encontró su cuarto, piso azul, nombre "Roncesvalles", el mio es color verde de nombre Arzúa.
Quedamos en vernos de rato para ir a dar una vuelta a la ciudad. Baño, poner calcetas y mis "acuachús".

Allí estaba Josep afuera esperándome. Domingo por la tarde los museos estaban cerrados.




 Solo anduvimos por ahí tomando muchas fotos y paseamos por el centro histórico.

Visitamos un par de lugares con ruinas.
La ciudad es muy bonita, en especial la catedral y el palacio de Gaudí.

La catedral en Astorga.

El palacio de Gaudí.

Autómatas que tocan la campana.

  Josep insistió en invitarme una limonada y él se tomaría una cerveza. Nos sentamos a un lado de la catedral con vista a los autómatas, de la mesita se retiraba mi otro amigo alemán con el cual he coincidido en varios lugares, el mismo que hoy en la mañana me encontré en Villares de Órbigo cuando me regresé al restaurant.
El sol se ocultó y fue tiempo de también nosotros irnos a descansar.
Hasta mañana ¡Qué sea un buen día!

 
Llegué al cuarto y seguí escribiendo.
Como a las 9:30 empezaron a llegar los 3 compañeros de cuarto. Ya estaban acostados cuando como a las 10 pm me levanté para tomarme una pastilla de las de dolor e inflamación. Y mientras la sacaba de la bolsita plástica oí al de la cama de abajo de la otra litera (igualito al actor Will Ferrel) que me dijo en inglés: "si no vas a dormir aún, salte del cuarto, algunos si queremos dormir". Y yo le pregunté bajito "¿estás enojado?" y "Will Ferrel" contestó (en inglés): "Si estás haciendo ruido, sí estoy". "Ok, es tu problema" , concluí.
"Ja, ja, ja, ¡Ah qué gringo este!" en serio que ni me dio coraje, más bien no me aguantaba la risa, el ruidito que yo hacía al sacar las pastillas de la bolsa de plástico no era nada comparado con el verdadero ruido que le esperaba al gringo y que le duraría toda la santa noche, y lo sabía porque antes de que él llegara al cuarto, el peregrino que estaba debajo de mi cama roncaba como un campeón.
Y empezó el show. Yo dejé la segunda pila cargándose. Por lo menos 2 roncaban muy fuerte y a dúo.
Yo oía a "Will Ferrel" revolverse en su cama sin poder dormir.
La pastilla me hizo buen efecto, al dormir tenía la garganta muy inflamada, casi me ahogaba y no podía ni tragar saliva, me sentía muy mal, pero no tosía, ni estornudaba (de buenas).
  Al que sí se le cargaron todos los males por gacho y orejón fue al gringo intolerante que tosía, gemía, estornudaba y se movía a cada rato.
  Como las 12 me levanté y desconecté el cargador y celular, por si las moscas exclamé un "Sorry!" (por si le molestó el ruido que hice al bajar de la cama y volver a subir, je, je).
Ya no supe más.



 [FIN DEL DIA 20]


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